jueves, 28 de agosto de 2008

El mirador de Próspero (1913), José Enrique Rodó

“Alta es la idea de la patria: pero en los pueblos de América Latina, en esta viva armonía de naciones vinculadas por todos los lazos de la tradición, de la raza, de las instituciones, del idioma, como nunca las presento juntas y abarcando tan vasto espacio de la historia del mundo, bien podemos decir que hay algo aún mas alto que la idea de patria, y es la idea de América: la idea de América, concebida como una grande e imperecedera unidad como una excelsa y máxima patria, con sus héroes, sus educadores, sus tribunos: desde el golfo de México hasta los hielos sempiternos del Sur.
Ni Sarmiento ni Bilbao ni Martí ni Bello ni Montalvo, son los escritores de una u otra parte de América, sino los ciudadanos de una intelectualidad americana”.

martes, 26 de agosto de 2008

"El 'viento de cola' quedó atrás", suplemento iEco, Clarín, 24/8/08

Un diez por ciento más de caída en los precios de los commodities es perfectamente factible.

lunes, 25 de agosto de 2008

“Por qué el campo unido ya no será vencido”, por Mariano Grondona, La Nación, 17/8/08:

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Porque lo que estaba pasando ya no concernía a la archiconocida voracidad fiscal del Poder Ejecutivo, sino a los productores, que, por primera vez, se movilizaban de a miles contra ella. Después de más de cinco meses de conflicto y con todo lo que pasó en su transcurso, caemos en la cuenta de que el campo, casi sin saberlo, ha iniciado una revolución.
Durante décadas, los argentinos hemos vivido en el interior de un modelo, de un paradigma, de una caverna ideológica que consistió en dividir la producción en tres sectores: el primario o rural, el secundario o industrial y el terciario o de servicios. Esta clasificación escondía una discriminación porque, al llamar "primaria" a la producción rural, lo que venía a decir sin decirlo es que ella era "primitiva": de bueyes y carretas. Esta discriminación caló tan hondo entre nosotros que pareció natural que el deber del campo fuera subsidiar a los demás sectores, proveyéndolos de alimentos baratos destinados a suplir los bajos salarios que las fábricas y la burocracia podían pagar. Bajos salarios en la ciudad, alimentos baratos desde el campo: ésta fue, por décadas, la supuesta fórmula del progreso argentino.
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Del otro lado, con el ascenso de China y la India al nivel de un alucinante progreso económico y social, la demanda de alimentos también ha elevado los precios agrícolas a alturas insospechadas. El campo, como consecuencia, ha pasado en pocos años de la retaguardia a la vanguardia tecnológica y económica del mundo.
Fue precisamente en ese momento de euforia que el Poder Ejecutivo pretendió confiscar ese nuevo sobrante mediante el alza de las retenciones. Al hacerlo no advirtió que, si algo iban a resistir los chacareros, era el calamitoso regreso a la etapa anterior. Los chacareros sintieron que los querían hundir de nuevo en el pozo económico y social del que estaban saliendo. Lo mismo que los burgueses en la Revolución Francesa, decidieron sostener contra viento y marea su flamante condición. Fue entonces cuando surgieron uno, cientos, miles de De Angeli, cuya revolución social vino a integrarse a la revolución de la tecnología y de los precios. La nueva clase de los chacareros logró por ello algo que no habían logrado, ni siquiera pretendido, los antiguos estancieros: resistir con éxito al Estado depredador.
La rebelión chacarera se implantó finalmente en ámbitos que sólo en apariencia le eran ajenos. En las pequeñas ciudades del interior, los denostados pools de siembra sumaron una legión de pequeños inversores que incluían desde el médico hasta el escribano del pueblo. La rebelión de las chacras se amplió hasta convertirse en la rebelión del interior, con la otra vez flameante bandera del federalismo.
Como si esto fuera poco, la vasta ola de la resistencia al Estado fiscalista se extendió a las grandes ciudades. Primero, Rosario, después Buenos Aires, acogieron manifestaciones gigantescas que eclipsaron por completo el arcaico aparato clientelístico en el que todavía confiaban los Kirchner. Pero esa legión de los ciudadanos que también se movilizaban contra el Estado aprovechador, ¿eran, todavía, gente del campo? No, sorprendentemente eran ciudadanos sin hectáreas. Lo que había comenzado como una protesta sectorial terminó por convertirse así en un fenómeno nacional : la resistencia pacíficamente contundente de toda la sociedad a un Estado que cínicamente, en su propio nombre, la explotaba.
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Y éste es el paradigma que también está cambiando con la revolución de los chacareros, no sólo en lo tecnológico o en lo comercial, sino también en torno a la idea de que la Argentina no está llamada a un gran futuro agrario o industrial sino a un gran futuro agroindustrial , sin sectores supuestamente primarios o secundarios, en un país que ya no considere vergonzosa la proclama que en pleno siglo XIX Guizot lanzó a los franceses: "Enriqueceos".

Entrevista de Perfil a Horacio González, 10/8/08

“Las nuevas derechas acechan, los vanos conspiradores de tabernáculos se han recobrado, los agoreros pontifican, los impenitentes del golpismo secreto actúan, los comunicadores viscosos se refocilan, los sibilinos escribas mantienen sus conocidos retintines, los republicanistas de manual se envanidecen, los políticos de libreto fijo se frotan las manos, las máscaras de seriedad se compran en el supermercado, los neoliberales trabajan ansiosos para que la economía del país caiga de nuevo en sus manos, los académicos de la derecha no vacilan en hablar como la izquierda con tal de poner obstáculos elegantes para que trastabille una oportunidad cierta, este trémulo kairos de los actuales tiempos argentinos.”
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-Si Cobos fue la serpiente que mordió a Filoctetes, ¿es para Ud. un traidor?
-Diría que si la tratamos de una manera exhaustiva y apelamos a los grandes relatos sobre la traición, evidentemente no está mal tratarlo así. Pero al mismo tiempo, la palabra gorila, o la palabra traición en este caso, sería un excedente innecesario.
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-¿Qué palabras Kirchner “mandó a la lucha”?
-En este momento de la Argentina las palabras que están en la lucha son nombres de funcionarios, nombres de instituciones. El país tiene todos sus funcionarios en la lucha. Son parte de las tensiones políticas inmediatas.
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-En medio del conflicto con el campo dijo que “De Angeli y Bussi son los personajes obtusos de la escena política, son los patanes, los soeces”. ¿Es así?
-Llamaría obtuso a alguien que no tiene una capacidad primera de pensar en su propia situación. Seguiría sosteniendo eso de Bussi y de De Angeli. De Angeli tiene un fuerte atractivo, porque es alguien incapaz de pensar en su propia situación. No lo digo con menosprecio, pero digo que hay ciertos personajes que tienen absoluta convicción por lo que hacen, y por el tipo de lenguaje que utilizan tienen un fortísimo encanto que se ha revelado con los medios de comunicación. La fuerte atracción de De Angeli no me gusta. Lo estoy situando en la tradición intelectual a la que pertenezco, que es la tradición popular romántica. No lo considero asimismo en Bussi, que utiliza un lenguaje culpable. Hay una fuerte autoculpabilidad cuando está presente la contradicción entre el tipo de alianza que protagoniza y el modo en que tiene que explicar que aún así apoya a Morales. Lo de “patán” póngamelo en la cuenta de mi propia incapacidad de autorreflexión sobre lo que digo. Me mostré fuera de la autorreflexión que recomiendo. Traidor a mi propio estilo.
-Uno de sus libros se titula “Retórica y locura”. ¿Hay locura en la retórica kirchnerista?
-Muchas de las figuras de la oposición están señalando que hay locura en el gobierno, y me parece sumamente inadecuado, es llevar la discusión a un plano de total ilegitimidad, y por lo tanto abre la compuerta a las peores experiencias políticas. ¿Dónde hay locura? La locura era la palabra que se usaba para señalar los nudos irresueltos de una sociedad. En ese sentido se puede usar. Pero la psiquiatrización de la política argentina es un arma de muy baja estirpe.
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-Carta Abierta dijo textualmente: “Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo”.
-Es un producir de otra índole, no de manera clásica, con avance de la fusilería. Sería una política tal como se hace actualmente en todo el mundo.
-En Carta Abierta se responsabilizó a los medios por “la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva. Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor”. ¿Usted personalmente piensa así? -Soy fiel a los documentos de Carta Abierta como surge implícita a esta conversación. En gran medida, los medios de comunicación reclaman un tipo de aceptación de un conjunto de valores que tienden hacia lo acrítico.

jueves, 14 de agosto de 2008

Conferencia de Naomi Klein en la Feria del Libro, La Nación, 26/4/08

“Bush privatizó cada aspecto de la guerra: la seguridad, interna, las armas, el negocio del petróleo y el gas, hasta el cuidado de la salud de los soldados. En Irak hay 180000 contratistas privados y 160000 soldados.”
El ejemplo sirve, según la autora, para mostrar que los gobiernos neoliberales de muchos países llegaron a “la última frontera de la privatización”, entregar a manos privadas el ejército, la policía, la ayuda humanitaria y hasta la gestión gubernamental misma.