martes, 25 de noviembre de 2008

"Distribución del ingreso, con un fuerte deterioro", por Daniel Muchnik, Clarín, 24/11/08

El retroceso en la distribución del ingreso en la Argentina es el más significativo de América Latina. En 1990, incluso intentando salir de la hiperinflación, el 95 por ciento de los asalariados urbanos en el país tenían cobertura de seguridad social. Quince años después esa protección descendió al 65 por ciento, mientras Brasil mantenía una cobertura del 72 por ciento, Chile el 83 %, Costa Rica del 80%, Paraguay del 76 % y Uruguay del 77 por ciento.

A partir de 2004 y hasta fines del 2007 Argentina tuvo un crecimiento ininterrumpido del 9 por ciento anual en su Producto Bruto Interno. En el 2006, por primera vez en 30 años, superó el nivel del PBI logrado en 1974 (más 6,6 por ciento). 

Sin embargo, los indicadores sociales no se acercaron a los alcanzados a mitad de aquella década del setenta. Hoy, todavía se observan estadísticas desfavorables en desempleo, trabajo en negro y la existencia de una política tributaria regresiva. La mitad de la recaudación total se concentra en el IVA y en el impuesto sobre los salarios. 

(...)

Hay varias conclusiones. En primer término, la desigualdad en la distribución del ingreso se ha multiplicado en la Argentina en los últimos 50 años. La década de los 90 evidencia un incremento notable de las disparidades. En segundo lugar, la Argentina pasó de los más altos niveles mundiales en el ranking de ingreso per cápita (superior al de cualquier otro país latinoamericano) a ocupar niveles tan bajos que en la bibliografía internacional se habla de "el fenómeno argentino". Sólo computan esta información que grafica todo: el ingreso de los asalariados se contrajo de casi el 50 por ciento en 1950 al 25,07 en el 2007. 

Como contrapartida, la porción que antes tenían los trabajadores se encaminó al sector privado, que no mostró, paralelamente, el entusiasmo y la credibilidad en materia de reinversión productiva.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Extractos del discurso de Nicolas Sarkozy acerca de la situación financiera internacional, 25/9/08

La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de la omnipotencia del mercado era descabellada.

La idea de que los mercados siempre tienen razón es descabellada.

Durante varios decenios, se han creado las condiciones que sometían la industria a la lógica de la rentabilidad financiera a corto plazo.

Se han ocultado los riesgos crecientes que había que correr para obtener rendimientos cada vez más exorbitantes.

Se han desarrollado sistemas de remuneración que incitaban a los operadores a correr cada vez más riesgos inconsiderados.

Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos.

Se ha permitido que los bancos especulen en los mercados en vez de hacer su trabajo que consiste en invertir el ahorro en desarrollo económico y analizar el riesgo del crédito.

Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.

Pero este sistema –hay que decirlo porque es la verdad– no es la economía de mercado, no es el capitalismo.

La economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás. La economía de mercado es la competencia que reduce los precios, que elimina las rentas y que beneficia a todos los consumidores.

La crisis actual debe incitarnos a refundar el capitalismo en una ética del esfuerzo y del trabajo, a encontrar de nuevo un equilibrio entre la libertad necesaria y la regla, entra la responsabilidad colectiva y la responsabilidad individual.

Tenemos que alcanzar un nuevo equilibrio entre el Estado y el mercado, cuando en todo el mundo los poderes públicos se ven obligados a intervenir para salvar el sistema bancario del derrumbe.

Debe instaurarse una nueva relación entre la economía y la política mediante el desarrollo de nuevas reglamentaciones.

La autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado.

El laissez-faire, se ha acabado.

El mercado que siempre tiene razón, se ha acabado.

Hay que aprender de la crisis para que no se reproduzca. Hemos estado al borde de la catástrofe, el mundo ha estado al borde de la catástrofe, no podemos correr el riesgo de empezar de nuevo.

Si queremos construir un sistema financiero viable, la moralización del capitalismo financiero es una prioridad.

(...)

Es aún más cierto en el campo de las finanzas. ¿Cómo admitir que tantos operadores financieros salgan ganado, cuando durante años se han enriquecido conduciendo a todo el sistema financiero a la situación actual?

Se han de buscar responsabilidades y los responsables de este naufragio deben, al menos, ser sancionados financieramente. La impunidad sería inmoral. No podemos conformarnos con hacer pagar a los accionistas, a los clientes, a los asalariados, a los contribuyentes y exonerar a los principales responsables.

¿Quién podría aceptar algo que sería, ni más ni menos, una gran injusticia?

Además, hay que reglamentar los bancos para regular el sistema, ya que los bancos son el núcleo del sistema.

Hay que dejar de imponer a los bancos reglas de prudencia que incitan primero a la creatividad contable y no a gestionar con rigor los riesgos. En el futuro, habrá que controlar mucho mejor la forma en la que desempeñan su oficio, el modo de evaluación y de gestión de los riesgos, la eficacia de los controles internos, etc.

Habrá que imponer a los bancos financiar el desarrollo económico y no la especulación.

(...)

Estoy convencido de que el mal es profundo y de que hay que renovar todo el sistema financiero y monetario mundial, como en Bretton Woods después de la II Guerra mundial. Así, podremos crear herramientas para una regulación mundial que la globalización y la mundialización de los intercambios hacen necesarias. No se puede seguir gestionando la economía del siglo XXI con los instrumentos económicos del siglo XX. Tampoco se puede concebir el mundo del mañana con las ideas de ayer.

(...)

Si Europa quiere preservar sus intereses, si quiere poder intervenir en la reorganización de la economía mundial, debe iniciar una reflexión colectiva sobre su doctrina de la competencia –a mi juicio, la competencia es sólo un medio y no un fin en sí–, sobre su capacidad para movilizar recursos para preparar el futuro, sobre los instrumentos de su política económica, sobre los objetivos asignados a la política monetaria. Sé que es difícil porque Europa incluye 27 países, pero cuando el mundo cambia, Europa también debe cambiar. Debe ser capaz de transformar sus propios dogmas. No puede estar condenada a la variable de ajuste de las demás políticas, por no disponer de medios para actuar. Y quiero hacer una pregunta seria: si lo ocurrido en Estados unidos, hubiese ocurrido en Europa, ¿con qué rapidez, con qué fuerza, con qué determinación se habría enfrentado Europa, con las instituciones y los principios actuales, a la crisis? Para todos los europeos, es evidente que la mejor respuesta a la crisis debería ser europea. En mi condición de Presidente de la Unión, propondré iniciativas en este sentido en el próximo Consejo europeo del 15 de octubre./.

¿Habrá una nueva oportunidad?, por Héctor A. Huergo, Clarín, 8/11/08

Los granos alcanzaban en esos días los precios más altos de los últimos años, y seguirían subiendo en los tres meses siguientes hasta superar todos los récords históricos en julio. La soja en 550 dólares la tonelada, el doble que un par de años atrás, y con una cosecha de 48 millones de toneladas, garantizaba un ingreso de 25.000 millones de dólares.

Recordemos que el grueso de la producción se comercializa precisamente entre abril y julio. Todo el mundo sabe que la "ventana" comercial para la Argentina allí está abierta a pleno, porque la cosecha estadounidense (el mayor productor mundial) se inicia en septiembre. Pero en esos meses el sector no vendía, convencido de que hacerlo implicaba pagar retenciones de casi el 50%.

Cuando el panorama se despejó, los precios comenzaron a derrumbarse. Sólo con la soja, el campo perdió 6.000 millones de dólares, y el Gobierno dejó de percibir retenciones por 2.000 millones de dólares. También se perdió la oportunidad de fijar precios para la próxima campaña, como es habitual al menos entre los operadores más profesionales del sector.

Los mercados siguen muy volátiles en todos los rubros. Tomemos por ahora a los granos. Los dos grandes "drivers" del boom de los precios de los últimos dos años son el aumento de la demanda asiática, en plena transición dietética, y la expansión del uso de maíz para elaborar etanol en los Estados Unidos. La oferta no pudo seguir el tren de la demanda y los stocks cayeron. Primero, los de maíz en los EE.UU. Y como eso hizo disparar los precios del cereal, le robaron superficie a la soja para hacer más maíz. Consecuencia: la soja también subió y Sudamérica fue una fiesta.

Por algo los granos parecen haber encontrado un piso firme. Todo indica que habrá una segunda oportunidad. ¿Volveremos a convertirla en un problema? 

Perón, Cristina y el G-20, por Juan Gabriel Tokatlian, La Nación, 8/11/08

En efecto, en su retorno a la Argentina, y antes de ejercer su tercera presidencia, Perón afirmaba que, después de décadas de experiencias políticas autoritarias, discordias sociales trágicas, ciclos de regresión económica y etapas de aislamiento diplomático, era fundamental reconstruir el país. Para ello proponía ceñirse a lo que decía estaba inscripto en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos: "todo en su medida y armoniosamente".

Al parecer, no existía tal inscripción literal, sino que Perón recreó, de modo libre, la sentencia de uno de los siete sabios de Grecia. Posiblemente su fuente de inspiración fuera el legislador y político Solón de Atenas (638-559 a.C.) quien acuñó el imperativo "nada en demasía". Este apotegma se concebía en la idea griega de la mesura, el equilibrio y la templanza como virtudes esenciales. (...)

Nuestra política exterior reclama hoy de manera urgente la vigencia de estas virtudes griegas: ponderación, sensatez y destreza. Los escenarios global, regional y local son complejos, cuando no tormentosos. La radicalidad puede ser resultado de la sinceridad, pero no es una virtud en el manejo de los asuntos internacionales. No hay nada bueno ni meritorio en un fiasco célebre: ni la sociedad ni el Estado ganan con victorias pírricas y simbólicas. La arrogancia diplomática tiene altos costos para un país. De igual manera, la subordinación política y su aparente pragmatismo son el preámbulo de grandes desventajas, fracasos y despilfarros. La Argentina ha experimentado ya con estas dos posturas; la petulancia y la sumisión y sabemos que los resultados fueron adversos.


El sistema mundial, la estructura hemisférica y el orden regional están atravesados por profundas y exacerbadas pugnas. La Argentina, en su actual situación interna y externa no está en condiciones de asumir posturas imprudentes. En todo caso debe prepararse y dotarse para la enorme envergadura de los retos que se ciernen sobre la política internacional e interamericana. El conflicto, más que la cooperación, se ha reinstalado peligrosamente en las relaciones internacionales. Por eso el discernimiento y la sofisticación son más que nunca indispensables.


(...)Primero, no puede darse el lujo de carecer de un consenso básico: no sólo es importante un acuerdo elemental, con pocas prioridades puntuales, sino que es inaplazable disponer de una gran estrategia internacional. Segundo, debe contar con diversos socios, amigos, compañeros, aliados; no es atinado desplegar estrategias de confrontación ni en la vecindad más próxima ni hacia contrapartes mucho más recursivas. Hay que detener el declive y eso se logra con otros y no contra todos. Tercero, debe incrementar, con rapidez y claridad "poder blando", es decir; credibilidad, reputación y diligencia. Sin una cancillería moderna y estimulada es muy difícil suponer que la Nación pueda afrontar los retos presentes y futuros. Cuarto, es crucial evitar el ensimismamiento y la pasividad: el aislamiento recorta el poder negociador del país y la parálisis lo hace más vulnerable. Quinto, debe concebir el multilateralismo como un medio y un fin de la praxis externa. Ello exige una diplomacia proactiva y propositiva en múltiples ámbitos y con un arsenal de ideas claras. Y sexto, debe tener la voluntad, desarrollar la capacidad y aprovechar la oportunidad para reinsertarse de modo positivo en la agenda global: la proyección de poder se materializa luego de mucho esfuerzo, decisión y flexibilidad.


Casos como el encuentro del G-20, por ejemplo, ofrecen una ocasión simbólica para ordenar la política exterior. En este sentido, no puede haber sobreactuación ni tampoco resignación. Es sobreactuación confrontar con actores mucho más dotados; sería resignación silenciar todo tipo de crítica ante lo originado en Estados Unidos. Un punto intermedio sería recurrir a una diplomacia con iniciativa, juicio y vigor. Nuestra cancillería, entre otros ámbitos gubernamentales, viene debatiendo desde hace tiempo y sin éxito el perfil externo argentino: ¿debemos privilegiar a América latina o a Sudamérica? Detrás de esa dicotomía está la incapacidad de renegociar la asimetría respecto de Brasil y definir una sociedad estratégica con este país. (...)

 

martes, 11 de noviembre de 2008

Las anteojeras ideológicas de los Kirchner, por Mariano Grondona, La Nación, 9/11/08

Lo que asoma detrás de los discursos de Cristina es, invariablemente, una ideología. El primero que le dio a la palabra "ideología" su sesgo actual fue Carlos Marx al definirla como la justificación pretendidamente racional de una ambición inconfesable. El liberalismo era, según él, la ideología que los burgueses habían diseñado para justificar el capitalismo. Marx no pudo impedir empero que Karl Mannheim y otros autores definieran a su vez al marxismo como una nueva ideología concebida para encubrir la inconfesable ambición del comunismo. 

Tanto el liberalismo como el marxismo dieron lugar a formidables desarrollos intelectuales. El modelo al que apela de continuo Cristina para justificar la pasión por el poder del kirchnerismo es una construcción más modesta, incomparable con aquellos dos grandes ejemplos. Cumple, sin embargo, la función de todas las ideologías de cimentar la incondicionalidad de sus seguidores y también bordea la trampa que acecha a los ideólogos cuando las explicaciones que elaboran para manipular a los demás terminan por atraparlos a ellos mismos, sumiéndolos en la incapacidad de distinguir entre sus fantasías y la insobornable realidad. 

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Crece el 25% el gasto militar en Sudamérica, por Rosendo Fraga, Perfil, 2/11/08

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Se trata de un aumento record en las últimas décadas. El gasto en defensa de los países de América del Sur alcanzará así este año 50.000 millones de dólares, frente a los 39.961 de 2007. 
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Se trata de una tendencia general de los países sudamericanos, dado que el gasto militar aumenta 34% en Paraguay, 32% en Brasil, 29% en Venezuela, 24% en Bolivia, 22% en el caso de Chile y 19% en Perú y Ecuador. Los incrementos anuales más bajos se dan en los casos de Argentina con 18%, Colombia 13% y Uruguay 4%. 
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En cuanto al monto total del gasto sudamericano -algo más de la mitad-, el 55% con 27.540 millones de dólares corresponde al Brasil, que por población, territorio y PBI es aproximadamente la mitad de los 12 países de la región. Sigue Colombia con 6.746, cifra que es originada en el despliegue dedicado al combate con las FARC; el tercero es Chile con 5.395 -el país todavía cuenta con fondos destinados a reequipamiento militar provenientes de las exportaciones de cobre-; y el cuarto es Venezuela con 3.321, país que da al rubro militar prioridad política. 
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Como porcentaje sobre el total del presupuesto nacional, la lectura puede ser diferente. En Brasil en 2007 el gasto en defensa representaba el 2,68% y crece al 3,44% y en Venezuela pasa del 4,79% al 5,18%. Como porcentaje del presupuesto total, los países de América del Sur que destinan más a defensa son Chile, Colombia y Ecuador. 
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Otra lectura que puede realizarse es lo que significa el gasto militar sobre el PBI. Colombia es el más alto, dedicando el 3,34%, Chile destina 2,91% (que se eleva al 3,73% al incluirse los fondos provenientes de la Ley del Cobre). Ecuador dedica 2,01%, Brasil 1,70%, Uruguay 1,56%, Paraguay y Bolivia 1,55%, Venezuela 1% y Argentina sólo 0,87%. 
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En conclusión, si bien el incremento del gasto militar de América del Sur es record en 2008 respecto a 2007 con relación al último cuarto de siglo, el aumento se inscribe en una tendencia mundial en la misma dirección -que puede ser acentuada por tensiones dentro de la región-, pero sigue siendo el más bajo en términos de porcentaje del PBI con relación al resto de las regiones del mundo. 

La operación más cara de los Kirchner, por Joaquín Morales Solá, La Nación, 2/11/08

Ni la oposición ni la disidencia peronista que lidera Felipe Solá estarían en condiciones de frenar el proyecto oficial de estatización en la Cámara de Diputados. Felipe Solá está a punto de romper el bloque oficialista. Hay entre los peronistas de distinto pelaje (compartido también por muchos radicales) una vieja idea proclive al estatismo. No saben por qué, pero saben eso. Las cosas son como son. Las AFJP deberían hacerse también una autocrítica porque nadie tuvo nunca argumentos sólidos para defenderlas. Las propias sociedades de la Capital y el Gran Buenos Aires, mayoritariamente contrarias a la decisión de los Kirchner, según las encuestas, objetan el método y el propósito de la medida oficial. Nada más.

Esa mezcla de ideas estatistas en gran parte de la comunidad política y la carencia de comunicación de los fondos de pensión le abrieron, en principio, un camino más fácil al gobierno entre los diputados. Eso sí: estamos legislando contra lo que piensa y quiere la calle. Tengámoslo en cuenta, por lo menos , se sinceró un diputado peronista. La calle piensa que se llevan la plata para la campaña electoral. Como se ve, no está equivocada.

Los resultados del Senado dependen de muchas cosas. Ahí estarán votando dentro de un mes. ¿Cómo prever lo que pasará dentro de treinta días cuando ningún argentino sabe cómo terminará el día que acaba de amanecer? ¿Cómo, cuando la devaluación del peso no se rindió ni ante una oferta de 1000 millones de dólares hecha por el Banco Central? ¿Cómo, cuando el dólar siguió su escalada aun después de que Guillermo Moreno les prohibiera a entidades financieras vender dólares a grandes compradores aunque fuera plata legítima y declarada?

Una introducción básica al poskirchnerismo, por Mariano Grondona, La Nación, 2/11/08

Si queremos imaginar la Argentina poskirchnerista, quizá nos sirva recordar la Argentina que sobrevivió a Rosas y la que sobrevivió a Perón. La primera fue un éxito. La segunda, un fracaso. Lo que determinó el éxito de aquélla y el fracaso de ésta fue el comportamiento de la oposición.
(...)
Como todo hombre fuerte, en su tiempo de poder absoluto Perón suscitó grandes enconos. El problema fue por entonces que la irritación que el caudillo despertaba concentró a la generación de sus opositores en sólo una de las dos tareas que había acometido la generación del 37: pensar en cómo contradecirlo y, eventualmente, derrocarlo, y ya no en cómo diseñar el país que debería sucederlo. Y así fue como, al caer Perón en 1955, a la inversa de 1853 sus opositores, por un momento triunfantes, carecieron de un libreto en dirección del porvenir.
(...)

En estos momentos en que Kirchner se encamina hacia la suma del poder, su evidente estrategia y su estilo destemplado enardecen todavía más a muchos argentinos. Que quiere quedarse con todo resulta evidente porque su poder no reconoce plazos y porque, si lograra despojar ahora a las AFJP, dejaría sin la única fuente de financiamiento que aún les queda a las empresas que operan en el país. También ellas tendrían que doblar su cabeza ante el autoritarismo oficial. Pero la pregunta que hay que hacerse no tiene tanto que ver con las intenciones y el estilo de Kirchner, sino con la estrategia de la oposición. Como en 1853, como en 1955, lo que hay que preguntarse es si la oposición se contentará con ser únicamente antikirchnerista o si se atreverá además a pensar en un nuevo país: el país del poskirchnerismo.

Hoy, según las encuestas, Kirchner conserva solamente el 30 por ciento de los votos. El 70 por ciento restante es opositor. Lo que se hace notar entonces es que la oposición debería reunirse para vencerlo. Pero ¿podrá hacerlo acaso si no concibe un proyecto común en dirección del poskirchnerismo?